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  Jardel   19-06-12  
Crónica de una muerte anunciada
El fracaso de Banfield para Todos ya está sentenciado. Consecuencia de múltiples errores, Banfield está en una situación límite. Por Julio Jardel. Twitter: @juliojardel

Los paupérrimos 22 puntos conseguidos en la temporada han dejado a Banfield en zona de Promoción, al borde del precipicio, ya no dependiendo de sus propios resultados para conservar la categoría o evitar la reválida.

La interna feroz del oficialismo con escandalosos cruces mediáticos, un inexperto técnico que no encontró el rumbo desde su asunción y un plantel pésimamente conformado -que ni siquiera muestra compromiso ni personalidad para afrontar el difícil momento – han empujado al Taladro a una situación sin retorno.

Podrá descender en unos días o en una temporada, pero el daño ya está hecho y es irreparable: el fracaso está consumado. La crisis política, económica y deportiva se lleva puesta incluso la histórica temporada del título: si el descenso es inmediato, sería el primer equipo en la historia del fútbol argentino en perder la categoría teniendo en su promedio el año en el que se coronó.

Jugadores, cuerpo técnico y dirigentes solo transmiten resignación. Y éstos no paran de hacer papelones mediáticos: los cruces entre el presidente Carlos Portell y el Secretario Martín Viñuales, polemizando en relación a la renuncia del actual mandamás de la institución, no hacen más que explicar la razón más profunda por la cual se llegó a esta crisis: la falta de conducción, la ilegitimidad de origen de quienes se disputan el poder.

No es casual que Banfield esté donde esté. Es la consecuencia de una suma de decisiones desacertadas por parte de Carlos Portell y quienes lo “acompañan”: sus actuales compañeros de Comisión, que de la noche a la mañana no dudaron en ir por la “cabeza” de quien encabezó la lista por la cual accedieron al poder, y quienes integraron la Comisión anterior.

En un club donde se denunciaron 3000 socios truchos, donde una de las listas no participó de la polémica elección del año pasado por diversas irregularidades, donde se pasó de un técnico campeón como Julio César Falcioni a uno novato y sin experiencia como el Gallego Méndez, donde pasaron cinco entrenadores en una temporada, donde se vació y desmanteló a un plantel de jerarquía como el que obtuvo el título en el Apertura 2009 en solo dos años, donde existe una deuda millonaria (con empleados, jugadores y proveedores), donde el déficit operativo con un equipo que pelea por no descender es alarmante y donde hay un plantel absolutamente desvalorizado, no resulta extraño que todas estas cuestiones se reflejen en el oscuro presente futbolístico.

Banfield transmite en la cancha lo que sus dirigentes muestran fuera de ella. Los dirigentes van cada uno por su lado, mostrando su interna sin fin, su lucha por el poder, su falta de gestión y su falta de reacción ante la adversidad. La embestida de los funcionarios-dirigentes afines al intendente Martín Insaurralde contra el presidente Carlos Portell en momentos en que el equipo “pelea” por no descender, muestran que lo único que les interesa es generar un golpe de Estado dentro del club, sin importarles el momento deportivo de la institución ni el daño que le provocan.

Los jugadores deambulan por la cancha, sin saber a qué jugar, mostrando una falta de entrega y compromiso que averguenza. Es un equipo sin alma, que no entiende lo que se está jugando, que no entiende que son finales, que no tiene amor propio ni compromiso con el momento del club (única excepción de la de Tagliafico).

El desconcierto del cuerpo técnico es absoluto: no hay una idea de juego, su propuesta cautelosa y conservadora agudizó la crisis, no supo corregir los permanentes errores defensivos de su equipo, ni logró que tenga mayor volumen de juego ni mucho menos capacidad ofensiva.

Cada pelota cruzada es un dolor de cabeza (¿saldrá Luchetti algún día a cortar los centros?), nadie marca en los envíos aéreos, las fallas individuales y colectivas son constantes, y resultan a esta altura inentendibles los caprichos de Eduardo Acevedo por sostener a algunos jugadores que irritan al hincha y el sentido común: lo hizo con Julián Guillermo (seguramente “aconsejado” por algún directivo) y lo continúa haciendo con Santiago Ladino (inexplicable que con la cantidad de goles que llegaron como consecuencia de errores propios aún sea titular).

A esta altura no caben dudas que haber despedido a Ricardo La Volpe fue un gravísimo error. Lo sostuve en aquel momento y el tiempo me dio la razón: es el único técnico que a un plantel pobrísimo le sacó “algo de jugo”, lo exprimió, lo hizo saber a qué jugaba, a pesar de las enormes limitaciones en su conformación, y que incluso en varios partidos se mostró superior en el rendimiento a sus rivales.

La Volpe sabiendo lo que tenía había pedido dos volantes ofensivos o carrileros, con juego, para paliar justamente uno de los déficits más alarmantes de este equipo: la falta de fútbol, la escasa tenencia de pelota. Los dirigentes lo echaron (después de utilizarlo para las elecciones) y en su reemplazo trajeron primero al Polilla Da Silva (se fue a los pocos partidos mostrando su falta de compromiso, dejando en evidencia la falla en la búsqueda por parte de la dirigencia) y luego al ignoto para el fútbol argentino Eduardo Acevedo.

Los dirigentes no supieron retener a un jugador con contrato vigente y referente como Víctor López, y en su lugar trajeron a  un “casi ex jugador” como Agustín Alayes y a un volante central como Brum (en una zona superpoblada). Oídos sordos a los consejos de La Volpe, la prioridad pasaba entonces por defenderse mejor. Nada de eso se logró.

Por el contrario, con Acevedo se sumó poco y nada (en 13 partidos una sola victoria, 4 empates y 8 derrotas), y lo que es aún más grave, no mereció sumar más de lo que consiguió (algo inverso a lo sucedido con La Volpe). Defensivamente sigue siendo un equipo muy frágil, que da todo tipo de ventajas, y ofensivamente no genera nada.

Banfield arrancó la temporada 5° en la tabla de Promedios y hoy está 17°. Tigre le descontó 40 puntos. Hoy está en Promoción. Puede salvarse de todo en la última fecha, irse al descenso directamente, o jugar una reválida para evitar la Promoción, pero ya no depende de si mismo.

Nada es casual, sino una suma de causalidades. Dirigentes, cuerpo técnico y jugadores le están faltando el respeto a la rica historia del Club Atlético Banfield. Con Portell o sin Portell, con el descenso este año o el próximo, esta es la crónica de una muerte anunciada.

 


   
   

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